Ir a descargar
Admito que el nombre "Jorge Bucay" me provoca cierta reacción de rechazo. No sé bien explicarlo. Supongo que todos los que se convierten en una especie de gurú, y muy en concreto los que parecen gozar con este estatus e incluso parecen intentar promoverlo (una duda: ¿Habrá "gurues" que hubieran preferido no serlo?) no me atraen demasiado. O, pensándomelo un poco, igual debería decir mejor que el fenómeno "gurú" no me gusta demasiado. Recuerdo que hace unos 10 años un amigo me regaló un CD con cuentos de Bucay, contados por él mismo (por Bucay, digo). Y recuerdo que me quedé encantada de haber recibido un regalo, un regalo de un amigo además, un regalo con voz seductora y palabras dulces, simples y a la vez sugerentes. Han pasado los años, y el fenómeno Bucay se ha convertido en ola, en boom, en un déjà-vu constante, en algo que te hace casi odiar las palabras "Sé feliz". No sé si me explico. Es que me molesta cualquier moda capaz de transformar la simplicidad profunda en banalidad.
Dicho todo eso, os advierto de que los dos cuentos que os cuelgo son de Jorge Bucay. Los he encontrado rastreando la web en búsqueda de unos audiopodcasts (el enunciado de mi actividad para el curso que hago pedía entre otras cosas colgar un podcast). Y al volver a escuchar varios de los cuentos de Bucay, estos dos que os adjunto como posts me han parecido interesantes en el contexto de lo que está pasando actualmente en el mundo árabe (ahora, muy especialmente, en Libia). La voz me sigue gustando (¿es la voz de Jorge Bucay, oi? ¿o no?; me hace dudar el hecho de que "la voz" le anuncie como "El gran Bucay"; pero bien... :-)), y las palabras me siguen pareciendo mayoritariamente simples (y no banales), y a la vez sugerentes. A pesar de todo... :-)
1 comentario:
Es curioso: Lo SABÍA y sin embargo, no tengo conciencia de nunca haberlo pensado: detrás de la ira puede haber tristeza; igual que detrás de la tristeza se esconde, a veces, mucha ira contenida.
Publicar un comentario